El Balcón del Mediterráneo, también conocido como el «Balcón del mar Mediterráneo», es sin duda el punto más icónico y más fotografiado en el mapa de la ciudad española de Benidorm. Esta terraza de un blanco níveo, adornada con su característica balaustrada que brilla bajo el sol, se alza orgullosa en la cima del promontorio rocoso de Canfali. Este lugar estratégico no solo divide geográficamente las dos playas más populares de la ciudad –la animada Levante y la algo más amplia y tranquila Poniente– sino que también constituye un punto de encuentro simbólico de dos mundos. Es un testigo vivo de la metamorfosis de Benidorm: de un modesto y somnoliento pueblo de pescadores a una metrópolis moderna llamada el «Manhattan de España».
Al estar de pie en el borde de la terraza, se puede sentir en el rostro la fresca brisa marina y escuchar el rítmico sonido de las olas rompiendo contra las rocas calizas, lo que, en contraste con el bosque de rascacielos visible a lo lejos, crea un paisaje surrealista, casi cinematográfico. En este artículo profundizaremos en la historia centenaria, a veces turbulenta, de este lugar, descubriremos los secretos de su singular arquitectura y, lo más importante para los apasionados de los encuadres hermosos, daremos consejos sobre cómo capturar esta joya mediterránea en fotos sin tener que luchar por cada centímetro de espacio libre con cientos de otros viajeros.
Aunque hoy en día el Balcón del Mediterráneo se asocia principalmente con paseos románticos y sesiones para Instagram, su origen es mucho más oscuro y está ligado a la defensa de la región.
Durante los siglos XIV, XV y XVI, la Costa Blanca fue acosada regularmente por piratas berberiscos. Para proteger a los habitantes, sobre la roca llamada Canfali se erigió un castillo defensivo: el Castillo de Benidorm. Durante siglos sirvió como atalaya desde la que se oteaba cualquier amenaza procedente del mar.
El fin de la fortaleza llegó en el siglo XIX. Durante la Guerra de la Independencia, en 1812, el castillo fue casi completamente destruido por el bombardeo de la flota británica, que quería evitar que cayera en manos de las tropas francesas. Durante décadas, la colina permaneció en ruinas, sirviendo únicamente como punto de referencia para los pescadores.
No fue hasta mediados del siglo XX, con el nacimiento del turismo de masas en España, que las autoridades de la ciudad decidieron revitalizar esta zona. Sobre los cimientos del antiguo castillo se creó una plaza (la Plaza del Castillo) y la famosa terraza blanca que hoy conocemos como el Balcón del Mediterráneo. En 1986 se añadieron el característico pavimento de mosaico y la iluminación moderna, dándole su aspecto elegante actual.
Lo que distingue al Balcón del Mediterráneo es el contraste. Por un lado tenemos la roca caliza, oscura y áspera, contra la que rompen las olas azules, y por otro, la blancura inmaculada de las balaustradas y las escaleras.
Benidorm es una de las ciudades turísticas más populares de Europa, y el «Balcón» es su corazón. Encontrar un espacio vacío allí durante el día roza el milagro. Aquí tienes métodos infalibles para una sesión fotográfica de éxito:
Si quieres tener la terraza solo para ti, tienes que olvidarte de dormir.
Si no eres madrugador, tendrás que demostrar creatividad a la hora de encuadrar:
España es hermosa todo el año. Una visita en noviembre o marzo garantiza un número significativamente menor de turistas que en julio o agosto, y la luz del sol es menos intensa, lo que favorece la fotografía de retratos.
El Balcón del Mediterráneo es un lugar donde la historia se encuentra con la increíble belleza de la naturaleza. Aunque la lucha por la toma perfecta puede ser un desafío, el esfuerzo de madrugar se verá recompensado con una vista que no olvidarás el resto de tu vida. Es aquí, de pie entre el azul del cielo y el azul oscuro del mar, donde se puede sentir verdaderamente la magia de la Costa Blanca.

