El elemento más reconocible de Altea es su casco antiguo, situado en una colina escarpada que antiguamente servía como punto de defensa natural contra los piratas. Es un laberinto de calles estrechas, sinuosas y adoquinadas que serpentean entre casas de un blanco resplandeciente. La blancura de las fachadas no es casual; durante siglos ha ayudado a reflejar el sol abrasador de Levante, manteniendo el frescor en el interior de los edificios. Al pasear por el Casco Antiguo, se pasa junto a cascadas de coloridos geranios, buganvillas y jazmines que cuelgan de los balcones de hierro forjado, llenando el aire con su dulce fragancia. Muchas de estas casas conservan sus puertas de madera originales y los azulejos decorativos en las entradas, lo que confiere a la ciudad un carácter casi cinematográfico. Al entrar en la parte antigua de la ciudad por una de sus puertas históricas, como el Portal Vell, se tiene la impresión de que el tiempo se ha detenido.
El punto central, espiritual y símbolo arquitectónico de la ciudad es la iglesia de Nuestra Señora del Consuelo. Sus dos majestuosas cúpulas, cubiertas de brillantes azulejos de cerámica azules y blancos (azulejos), se han ganado el nombre de las «Cúpulas del Mediterráneo». Son visibles desde muchos kilómetros de distancia, sirviendo en el pasado como punto de referencia para los pescadores que regresaban de su faena. El templo actual, construido a principios del siglo XX sobre las ruinas de una iglesia anterior, combina elementos del barroco y el modernismo. El interior cautiva por su modesta elegancia y sus vidrieras, por las que entra la suave luz del sur. Sin embargo, es la plaza frente a la iglesia (Plaza de la Iglesia) el verdadero centro de la comunidad local. Por las noches, la plaza rebosa de vida: se celebran mercados de artesanía, los músicos locales tocan sus guitarras, y turistas y lugareños se mezclan, descansando a la sombra de las sombrillas de las cafeterías con vistas a las cúpulas azules.
Altea es una ciudad de perspectivas, y paseando por el Casco Antiguo, a cada momento te encontrarás con terrazas panorámicas, llamadas miradores. El más famoso de ellos, el Mirador de los Cronistas de España, se encuentra justo al lado de la plaza de la iglesia. Ofrece una impresionante vista panorámica de toda la bahía de Altea. Desde este lugar se puede divisar la silueta característica del Peñón de Ifach en Calpe, los escarpados acantilados del parque natural de la Sierra Helada y la cordillera de la Sierra Bernia brillando bajo el sol, que rodea la ciudad por el norte. Otro punto muy recomendable es el Mirador del Portal Vell, desde el cual se divisan los tejados de la ciudad baja y el puerto pesquero. Estas vistas, especialmente en la «hora dorada» antes de la puesta de sol, cuando las paredes blancas de las casas adquieren tonos rosados y anaranjados, y el mar se vuelve plateado, son absolutamente inolvidables y constituyen el motivo favorito de fotógrafos de todo el mundo.
Altea goza desde hace décadas de una merecida reputación como «ciudad de artistas» y capital cultural de la Comunidad Valenciana. En los años 60 y 70 del siglo XX, huyendo del bullicio de las grandes ciudades, muchos pintores, escultores y músicos de toda Europa se instalaron aquí, lo que le dio a la localidad un carácter bohemio y único que perdura hasta hoy. Fue precisamente esa luz especial y nítida que se refleja en las fachadas blancas, junto con el azul del mar, lo que convirtió a Altea en un taller natural al aire libre.
El litoral de Altea se extiende a lo largo de más de 8 kilómetros, ofreciendo una experiencia completamente diferente a la de los abarrotados centros turísticos de arena de las ciudades vecinas. Aquí predominan las playas de cantos rodados, cubiertas de piedras blancas y lisas. Aunque requieren calzado protector, su presencia garantiza una claridad del agua sin precedentes y la ausencia de la omnipresente arena. Es un paraíso para quienes aprecian la limpieza, la tranquilidad y los paisajes naturales.
Conduciendo por la carretera N-332 hacia Calpe, es imposible pasar por alto una de las construcciones más insólitas de la región: la Iglesia Ortodoxa Rusa San Miguel Arcángel. Situada a los pies de la lujosa urbanización Altea Hills, es el primer templo ortodoxo construido en territorio español. La construcción de esta iglesia, finalizada en 2007, fue iniciativa privada de un empresario ruso y se ha convertido en el símbolo de la numerosa comunidad de Europa del Este que reside en la Costa Blanca.
Lo que hace única a esta iglesia son los materiales utilizados en su construcción. Fue edificada casi en su totalidad con troncos de madera de pino traídos directamente de los Urales, y su arquitectura se inspira en las iglesias tradicionales del siglo XVII del norte de Rusia (estilo de cubierta en forma de tienda). Las cinco cúpulas doradas rematadas con cruces, que reflejan el intenso sol español sobre el fondo verde de las palmeras y el azul del cielo, crean una estampa casi irreal, uniendo la austeridad del norte con la calidez del mar Mediterráneo. El interior de la iglesia, aunque íntimo, emana una extraordinaria paz y la opulencia típica de la ortodoxia, con un iconostasio ricamente decorado. El patio del templo ofrece un momento de respiro y permite contemplar el entorno desde una perspectiva cultural completamente diferente.
La cocina de Altea es una combinación fascinante de productos frescos del mar y de los fértiles valles circundantes (la llamada huerta). Representa la quintaesencia de la dieta mediterránea, basándose en la sencillez, en ingredientes de la más alta calidad y en recetas transmitidas de generación en generación.
Altea es un excelente punto de partida para descubrir los tesoros ocultos del norte de la Costa Blanca. En un radio de apenas unos kilómetros se encuentran lugares de carácter muy diverso: desde cascadas de montaña hasta fortalezas medievales.
Para disfrutar al máximo de tu estancia en Altea, conviene entender su ubicación en el mapa de la región, especialmente en relación con la vecina Benidorm, que actúa como principal nudo de comunicaciones y ocio.
Cómo llegar y Transporte:
Cuándo ir – La mejor época:
Logística de Aparcamiento y Alojamiento: El casco antiguo (Casco Antiguo) es peatonal. Si planeas ir de compras a grandes centros comerciales o visitar parques temáticos (como Terra Mítica o Aqualandia), Benidorm (a unos 10 km de distancia) es la única dirección lógica.
Altea es un lugar para aquellos que buscan en España algo más que sol y arena. Es una ciudad con alma que, a pesar del paso del tiempo y el desarrollo del turismo, sigue sabiendo cómo cautivar con su modesta y blanca elegancia. Aquí, el café matutino en la Plaza de la Iglesia, el sonido del mar al atardecer y el aroma a jazmín en los estrechos callejones crean un mosaico de recuerdos a los que siempre querrás volver. Es el verdadero «slow life» en su versión mediterránea: una invitación a detenerse por un momento, respirar y apreciar la belleza oculta en la sencillez de las paredes blancas y las cúpulas azules.

